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La verdadera y escalofriante historia del DÍA DEL NIÑO. No todo es risas y juegos, hubo muertes.



No en todas las partes del mundo el día del niño es motivo de festejo. En algunos países ésta es una fecha que se conmemora con cierta tristeza. El abismo que separa aquél 16 de agosto de 1869, del que actualmente se vive, es otro ejemplo de cómo se olvida o distorsiona la historia. 

Muchos niños no saben la verdadera historia del día del niño, piensan que es nada más un homenaje a su tierna existencia mas no es una excusa para regalarles cosas y agasajarlos simplemente, sino es recordarles que ellos son parte de la patria y son protagonistas de su construcción. Con buenas acciones que hacen de este país una mundo soñado, enseñarles o recordarles que con sus manitas pueden hacer pequeñas acciones que ayudan a todos, si todos los niños tan solo supieran todo lo que ellos pueden llegar a ser, ESO SERIA TODO UN CAMBIO. 

Eran solo niños de entre 6 a 14 años, que aun no entendían la injusticia de la guerra y hasta dónde el ser humano era capaz de llegar. 


Dicen que, ya en esa época, el Paraguay era una nación de héroes, que no existía casi el analfabetismo, que económicamente era una nación ejemplar, y muchas cosas buenas más. Hasta que llegó la llamada Guerra de la Triple Alianza, impulsada por la potencia mundial de ese entonces, Inglaterra. El Paraguay enfrentó a Brasil, Argentina y Uruguay unidos en Alianza, como toda guerra fue una aberración. Y el Paraguay quedó totalmente destruido. 

El 16 de agosto, se produce la heroíca batalla de Acosta Ñu, donde a falta de soldados, los niños fueron disfrazados con barbas postizas para que el enemigo los tomé por adultos y les presente combate; “Seis horas resistieron las cargas de la pesada caballería brasilera, que vengando el engaño acabaría incendiando el campo de batalla con sus oponentes infantiles”. Según cuenta el historiador argentino José María Rosa en su libro "La Guerra del Paraguay y las Montoneras argentinas". 

“Si hemos vencido fue por que hasta los niños paraguayos hemos matado”, entre otras más, fueron las declaraciones de Sarmiento ya finalizada la Guerra de la Triple Alianza. Esta es la historia de los niños martíres de Acosta Ñu. 

Dijo Juan José Chiavenatto en su libro: “Los niños de seis a ocho años, en el fragor de la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los soldados brasileros, llorando para que no los matasen. Pero eran degollados en el acto”. “Después de la insólita batalla de Acosta Ñu, cuando estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer a los pocos sobrevivientes, el Conde D´Eu mandó incendiar la maleza, matando quemados a los niños y sus madres.” Su orden era matar "hasta el feto del vientre de la mujer". 

La Batalla de Acosta Ñu fue algo que en las batallas bélicas del mundo no tiene comparación, no existen antecedentes de otros ejércitos integrados completamente por niños. 

En la batalla de Acosta Ñu, aproximadamente 3.000 niños paraguayos -con atuendos de soldados, barbas postizas y palos simulando ser rifles- enfrentaron a 20.000 soldados del ejército brasilero, lo que se conmemora como un acto de heroísmo sin igual. Por la masacre producida, hasta la actualidad en Paraguay se recuerda la "batalla" de Acosta Ñu como un episodio de gloria. 

Esos niños eran muy chicos para confundirlos con adultos, sus estaturas pequeñas, sus caras infantiles, sus piernas y bracitos cortos, los ojos grandes, no los ayudaban para impresionar como maduros, eran más bajos que un fusil con su bayoneta calada, no podrían confundirlos tan fácilmente. 

Sus propias madres y los mayores con carbón le pintaron bigotes y en las mejillas y la mandíbula les colgaron la crin de los caballos que cortados de sus colas simulaban barbas que le daban a los chicos el aspecto increíble de un disfraz singular y extravagante. 

Ensayaron gestos adustos y desafiantes para provocar miedo; pero no lograban que una mueca, que en vez de temor producían: ternura y lágrimas en esos corazones de madres que prepararon a sus hijos a sabiendas de la misión de muerte que cargaron sobre las espaldas frágiles de esos querubines. 

Quiero imaginar que en la noche antes de la muerte, esos pequeños jugaron con sus armas de juguete, ensayando poses de adultos, de guerreros enardecidos y bravíos, fingiendo actitudes y asustándose entre ellos. Cuántas madres mientras disfrazaban a sus hijos en los momentos previos a sus muertes, habrán tenido el corazón estrujado, como nadie puede imaginarse. 

Ellos eran niños frágiles y pequeños, como es el suyo o el mío, o el de algún vecino, su nieto o un sobrino, que en este momento, ahora, esta jugando, durmiendo o estudiando para ser un adulto el día de mañana. 

3.000 infantes de caras pintadas con carbón y de barbas postizas, que aún no conocían la vida y que tampoco tenían la suficiente comprensión para entender la injusticia de la guerra, y la eternidad de la muerte. … Corazones candorosos en donde no podían caber aun la maldad ni el odio. Imitando el ejemplo de sus mayores y de sus padres jugaban a la guerra en serio.
 

Hace algunos años, el escritor paraguayo Andrés Aguirre, propició una campaña para homenajear a esos niños que murieron por su patria. Así es como primero en el Paraguay, y luego en todos los estados americanos, el 16 de agosto fue declarado Día del Niño. 

Han transcurrido 141 años desde aquella batalla y sus ecos sólo resuenan en los manuales de historia del Paraguay

Sabiendo ésto, nuestra única y lejana referencia ya no podrá ser solamente la de ir en busca de algún juguete. Así es que... besemos a nuestros niños...obsequiémosle un presente, pero ya no vivamos este día como un día sin origen, naturalizado en la historia. 

Niños que querían parecerse a adultos, a monstruos de la guerra, disfrazados para ahuyentar al enemigo. Enemigos que eran monstruos verdaderos, sobrados de crueldad y de barbarie, que no vencieron a esos niños que eran ángeles. 

 


Fuente: TARINGA
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